Benjamín Disraeli ha pasado a la historia como uno de los más importantes e influyentes estadistas de Gran Bretaña. Sus dotes políticas le llevaron a ejercer dos veces como Primer Ministro y tres veces como Ministro de Hacienda dentro del Partido Conservador, en una trayectoria de casi cuatro décadas. Fue amigo íntimo y confidente de la Reina Victoria, y sus políticas llevaron a la consolidación del Imperio Británico y la futura Commonwealth, con la compra de acciones del Canal de Suez, la entronización de Victoria como Emperatriz de la India, varias agresivas guerras coloniales y el control de los imperios ruso y otomano.

Amante de los eventos sociales, de la moda y del lujo, es descrito por sus biógrafos como un dandy. Es el único Primer Ministro de la historia del Reino Unido que recibió un título nobiliario durante su ejercicio, el de conde de Beaconsfield, y fue asimismo dos veces rector de la Universidad de Glasgow y un destacado y reconocido escritor. Descendiente de una familia judía sefardita, aunque criado en el anglicanismo, sus principales obras literarias están salpicadas de elogiosas referencias a España, a sus habitantes, a su arte y a sus costumbres, que había conocido durante su viaje a Oriente en su juventud, en 1830.

El joven Benjamín Disraeli

Nació el 21 de diciembre de 1804 en Londres en el seno de una familia judío-sefardita.  Él mismo afirmaba en uno de sus ensayos ser descendiente de una de las más ilustres familias judías expulsadas de España a finales del siglo XV, emigrada posteriormente a Venecia. A comienzos del siglo XVIII muchas familias hebreas, según sus propias palabras todas procedentes de Sefarad, se asentaron en Inglaterra. Era hijo del erudito y escritor Isaac D’Israeli, y fue, junto a todos sus hermanos, bautizado en la Iglesia Anglicana a la edad de trece años, si bien siempre se sintió unido a su linaje sefardita, oriundo de España.

En el año 1830, habiendo publicado ya una obra de notable éxito, Vivian Grey, e intentando sin demasiado éxito emprender las carreras de abogado, periodista  y hombre de negocios, realizó junto a su amigo William George Meredith un viaje al Mediterráneo, con el pretexto de ambientarse sobre los lugares donde debía transcurrir su próxima novela, dedicada a la vida de David Alroy, un pseudomesías hebreo de origen kurdo del siglo XII conocido en Occidente por la obra Libro de Viajes, Séfer Masaot, del famoso viajero judío contemporáneo suyo Benjamín de Tudela. Su primera parada programada era Gibraltar, desde donde tenían previsto visitar en una semana Andalucía, aunque finalmente permanecieron en España dos meses y medio.

Benjamin Disraeli como un hombre joven, retrato pintado en 1852 por Sir Francis Grant.

España en la obra de los viajeros románticos

El Siglo de las Luces, el siglo XVIII, se caracterizó por el conocido como Gran Tour, del que deriva nuestro actual término turista. El mismo solía comprender Francia, Italia y Suiza, en el caso de los viajeros británicos, y Suiza, Alemania e Italia en el caso de los franceses, como parte de su formación académica. En este siglo, España quedaba excluida del mismo, dado que ni su historia, ni su cultura ni su arte se consideraban asimilables a los de la Razón Ilustrada, y fue retratada por los escasos viajeros, la mayor parte de ellos británicos, que la visitaron con una visión crítica y negativa, una España “negra” que tuvo una amplia vigencia en el ideario colectivo europeo.

Esta visión negativa cambiará con el advenimiento del Romanticismo. La lucha del pueblo español contra la invasión napoleónica y su defensa heroica suscitó en toda Europa una simpatía solo comparable a la que posteriormente despertaría Grecia en su guerra de independencia contra Turquía. Asimismo, el inmenso saqueo que se produjo del patrimonio artístico y cultural español por los invasores llenó Europa de obras de arte españolas, que fueron disputadas por los museos y coleccionistas privados a unos precios astronómicos.

Con ello, el Gran Tour ilustrado se vi sustituido por el que podríamos llamar Gran Tour romántico, con destino principalmente a Andalucía, al que no podía faltar ningún viajero romántico, siendo alguno de los casos más conocidos los de Lord Byron, Delacroix, Merimée o el propio Benjamín Disraeli. Todo lo que antes había sido objeto de las más furibundas críticas se convirtió en admirable para los europeos hastiados de una civilización burguesa, representando la diferencia, el riesgo y la aventura, si bien dentro de unos límites razonables.

Fruto de los viajes de cientos de estos viajeros fueron sus libros de viajes y obras poéticas que difundieron mitos como el de don Juan o Carmen, así como las magníficas litografías de monumentos y tipos populares, que contribuyeron decisivamente a elaborar una visión fabulosa y muy idealizada de Andalucía. Asimismo, el viaje romántico contribuyó decisivamente en la propia España para hacer a su pueblo más consciente tanto de su pasado como de sus circunstancias contemporáneas, en una conciencia de diversidad que quedó desde entonces incorporado, para lo bueno y para lo malo, en todas sus manifestaciones humanas y artísticas.

Gustave Doré, Patio de los Leones, 1864. Xilografía.

Disraeli en Andalucía

Su estancia en tierras andaluzas y sus impresiones sobre las mismas son conocidas por las cartas que remitió a algunos de sus familiares, que fueron recopiladas y publicadas en Londres en 1885, pocos años después de su muerte. Tras llegar a Gibraltar, su primer viaje de cinco días transcurrió por la Serranía de Ronda. De vuelta en Gibraltar conocieron al escritor y coleccionista de arte Frank Standish, que residía en Sevilla y les animó a conocer Cádiz. En una carta dirigida a su padre, le comentaba que quería conocer esta tierra, el país de origen de su linaje, recomendándole la lectura de La historia de la conquista de Granada de Washington Irving, antiguo diplomático estadounidense en España que se encontraba prestando sus servicios en Londres y era amigo de la familia.

La siesta, por Gustave Doré

Tras visitar Tarifa y Medina Sidonia, llegaron a Cádiz, siendo recibidos por el cónsul británico en la ciudad, Bakenbury. De esta ciudad, Disraeli afirmó que la famosa Florencia deslucía a su lado. Tomaron un barco y se dirigieron a Sevilla, que le entusiasmó por su antigüedad y por su belleza arquitectónica. También fue en la capital hispalense donde descubrió al pintor Bartolomé Esteban Murillo, escribiendo a su hermana sobre el mismo que le parecía el más original de los pintores, superior incluso a Rafael, y que nadie había pintado como él ni alcanzado su perfección.

Gustave Doré, Puerta de la torre de las Infantas, 1864. Xilografía.

Su siguiente parada fue Córdoba, de donde destacó su mezquita-catedral, utilizando posteriormente la descripción de muchos de sus monumentos en la obra que estaba preparando, David Alroy. De allí partieron a caballo hacia Granada, una ciudad que apasionó a Disraeli, considerando la Alhambra, junto con la Catedral de York y el Partenón de Atenas, uno de los tres más espléndidos monumentos del mundo. Según las memorias de su compañero de viaje, cuando se despidió de la guía que les enseñó el conjunto palaciego Disraeli le dijo en español que esta era su casa.

En sus cartas relata asimismo la belleza de las mujeres, recomienda las sopas, la olla podrida y un plato llamado olio. Como buen dandy y vividor, disfrutó de las veladas, invitaciones y paseos hasta bien pasada la media noche. Finalmente, el 12 de agosto llegaron a Gibraltar vía Málaga y siguieron su viaje, que les llevó a Malta, Corfú, Albania, Grecia, Tierra Santa y Egipto, donde Meredith falleció el 19 de julio de 1831 víctima de la viruela. Entristecido por su pérdida, Disraeli volvió a Londres por vía marítima.

Una carta escrita a su hermana resume a la perfección cómo se sentía durante su estancia en España:

¿Para qué sirve hacer planes? ¿Qué pensaba yo hace seis meses de Andalucía, donde han transcurrido las horas más gratas de mi vida? Este es un país para escritores. La existencia espontánea de sus habitantes, sus costumbres y su celoso localismo descubren nuevos y variados horizontes que enriquecen nuestras ideas y nuestras retinas. ¡Qué suerte la mía por haber conocido esta tierra! Oh, maravillosa España cubierta de bellísimas ruinas, de fastuosos monumentos y llena de Murillos… ¡Ojalá pudiera describirte los prodigiosos templos sevillanos!, vagar contigo por los magníficos e indescriptibles salones de la Alhambra, comunicarte con mayor perfección lo que he visto y sentido. Creí que conocía todo y, sin embargo, este país ha puesto de manifiesto mi ignorancia. Una nación de la que he leído poco y sobre la que inexplicablemente ahora no se escribe casi nada…

Vista del Guadalquivir y la Torre del Oro de Sevilla, por David Roberts.

 

España en la obra literaria de Benjamín Disraeli

Charles Dickens y Benjamin Disraeli, Litografía de 1870.

Su importante carrera política, que hizo que sea considerado como uno de los principales hombres de Estado de todos los tiempos en el Reino Unido, ha relevado a un segundo plano y ensombrecido su carrera literaria, a pesar de que sus obras lograron un gran éxito editorial no solo en Inglaterra, sino también en el resto de Europa, y es notable que se apartasen de los cánones literarios victorianos, vigentes cuando fueron escritas. En ellas es, como antes se apuntaba, patente la impresión que este viaje le produjo, encontrándose elogios a España, a sus costumbres, a su arte y a sus pobladores en las principales de ellas, como Count of Alarcos, Henrietta Temple, Connisgsby y en uno de sus grandes éxitos editoriales, Sybil.

Escudo de Benjamín Disraeli, I Conde de Beaconsfield.

Estas obras marcaron un renovado interés por la cultura española en el Reino Unido, y este amor y respeto por sus orígenes se muestra claramente en el escudo de armas elegido para su título, con castillos y leones, y sobre todo con el mote o lema del mismo, Castle of Castille, Castillo de Castilla.

Pedro Damián Cano Borrego
Doctor en Historia y Arqueología

 

 

 

Para saber más

Disraeli, Benjamin, Home Letters Written by the Late Earl of Beaconsfield in 1830 and 1831, Londres, 1885.

González-Arnao Conde Duque, Mariano, “Disraeli en Andalucía”, Historia 16, nº133, 1987.

Lleó Cañal, Vicente, “España y los viajes románticos”, Estudios Turísticos, nº 83, 1984, pp. 45-53.

Sultana, Donald, Benjamin Disraeli in Spain, Malta and Albania 1830-32: A Monograph, Londres, 1976.